domenica 12 marzo 2017

Kiko Arguello: Anuncio de Cuaresma 2017 (5)

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Mirad, tenemos tantas deudas que no podemos evangelizar porque cada vez que tenemos una convivencia de itinerantes en Porto San Giorgio los hoteles cuestan mucho, y nos dejan los hermanos una deuda de trescientos mil euros; la última vez les dije: por favor, poned algo; yo comprendo que no tenéis, somos todos itinerantes, no tenemos nada. Bueno, gracias a Dios nos han dejado una deuda de ciento cincuenta mil euros; gracias a Dios. Pero los hoteles nos dejan que no les paguemos un mes, otro mes; luego ya empiezan a protestar, porque tienen que pagar los impuestos, tienen que pagar a los camareros. ¿Y de dónde lo sacamos? ¡Si no lo tenemos! Entonces, ¿quieres decir, Kiko, que ya no puedes evangelizar? No puedes hacer reunión de catequistas itinerantes porque no tenemos dinero para pagar a los hoteles, porque los itinerantes no tienen dinero, viven sin nada, de limosnas: todos los itinerantes vivimos de limosnas

Yo tengo lo que me han dado, un sobrecito con unos pocos euros; y con eso comemos el P. Mario y yo, no tenemos más, tenemos lo que nos dan.

Algunas comunidades cuando las visitamos nos dan algo; otras no nos dan nada. Yo podía nombrar aquí a las comunidades, por ejemplo, vosotros, ¿cuánto tiempo hace que no nos habéis dado nada? ¡Años! ¿Y vosotros? Nada, no nos habéis dado nada. ¿Y cómo comemos? ¿Y cómo me compro un jersey que este está todo roto y viejo? Bueno, no pasa nada, no vengo a pedir ahora dinero, por favor, porque lo que nos sobra se los damos el P. Mario y yo a los pobres. Que el otro día armé un follón porque me encontré con un sobre de Carmen con mil euros que ponía: «Para dárselo a los pobres».

No te puedes imaginar, bajé abajo y empecé a dar a los pobres y se pusieron en fila. Pero llegaron unas gitanas y llamaron a los maridos. Y de pronto, delante de nuestra casa había cuarenta gitanos. Y tuvo que venir la policía. Y me viene un inspector vestido de gitano, que yo creía que era un gitano. Y le digo: «¡No, no, no tengo nada más!». Y me dice: «Mire usted: soy inspector de policía. No vuelva a hacer usted una cosa semejante porque se ha armado tal follón que todo el barrio se ha levantado». Le digo: «No, por favor, ha sido una excepción, no es que me pase la vida repartiendo euros a los pobres…». Bueno, os podéis imaginar. Y dice: «¡Bueno, ha sido una excepción, pero por favor usted no puede dar un duro a nadie!». Menudo tinglado. Además, te entra un miedo terrible porque a lo mejor a uno no le das y te puede meter un navajazo porque dice: «¿A ese le das y a mí no? ¿Por qué? ¿Porque soy un perro?»; a veces pasan estas cosas.
Bien hermanos, voy a terminar anunciándoos el kerigma. ¡Animo, chicos! Esta Cuaresma tenemos que prepararnos a la Vigilia pascual. ¿Por qué? Porque el Señor quisiera hacernos sus hijos, quisiera unirse a nosotros, lo que os hemos anunciado, quiere darnos su esencia divina, la impronta de la substancia divina.
Dios ¿qué cosa es? Amor a ti, amor a nosotros. Ha inventado este universo para que podamos participar de su gloria eterna, para ser felices con él en el cielo para siempre y participemos de su gloria. ¿Y en qué consiste su gloria? En el amor, en que nos ama en una dimensión inaudita, hasta la muerte, hasta la muerte de su único hijo. Y no cuando éramos buenos, sino cuando éramos unos malvados y unos miserables, cuando éramos pecadores Jesucristo dio su vida por nosotros. Y ese amor que tiene Dios, que es su esencia misma, es un amor tan maravilloso y tan profundo que ese amor es unitivo: quisiera Dios hacerse uno, totalmente uno. Como el Padre en el Hijo son uno, perfectamente uno, Dios quisiera que tú con él fueras perfectamente uno. Ese es todo el secreto cristiano: si sois perfectamente uno el mundo creerá; hacernos perfectamente uno con el Señor en Jesucristo, uno con él. De forma que podamos decir con san Pablo: «¡No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí!». «¿Y cómo puedo hacer yo, Kiko, para ser perfectamente uno en Jesucristo? ¿Quieres que me levante por las noches a rezar?». ¡Ojalá, Ojalá! «¿Qué quieres, que me ponga un cilicio? ¿Qué haga un sacrificio? ¿Que no vea la televisión? ¿Qué quieres? ¿Cómo puedo yo hacer que mi fe aumente?». Pues mira, hijo, pídele a la Virgen que te ayude, pídele a la Virgen que te dé amor a su hijo? 
Pero esto es el cristianismo, el cristianismo consiste en esto: que Dios ha enviado a su hijo para dar la vida por ti, que ha muerto en el calvario en una cruz por ti para que puedan ser perdonados todos tus pecados. 
Y siendo perdonados tus pecados, inmediatamente, puedas recibir del cielo la misma naturaleza de Dios, lo que es Dios, que lo recibas de Dios. Porque Dios no te puede adoptar como hijo si no tienes su naturaleza. Como sabéis, un hombre no puede adoptar a un perro como hijo, está prohibido por la ley, porque el perro no tiene naturaleza humana, tiene naturaleza animal. Dios no puede adoptarnos como hijos porque tenemos la naturaleza humana, no tenemos la naturaleza divina, nuestra esencia no es divina, somos humanos. Para que Dios pueda adoptarnos como hijos, Dios mismo tiene que enviarnos desde el cielo, engendrarnos como hijos de Dios con su naturaleza; que esto es la fe.
¿Qué es la fe? Pues que viene el Espíritu Santo desde el cielo y hace dentro de nuestro corazón un pequeño embrioncito. Yo cuando estaba en crisis, que lo veía todo oscuro, yo decía: «Pero vamos a ver: ¿qué cosa me puede a mí demostrar que Dios existe? De la naturaleza no me interesaba nada, ni la belleza ni los curas ni la Iglesia ni nada. A ver ¿cómo puedo yo…?». Entonces Dios envió desde el cielo su Espíritu Santo. Y de pronto tuve la certeza de que Dios existía, porque tocó la substancia divina mi espíritu. Porque el espíritu de Cristo desciende sobre el espíritu del hombre y lo toca y le da testimonio de que Dios le ama y de que somos sus hijos. Ese testimonio que es la fe ––porque la fe es una virtud sobrenatural que viene de Dios––, crea en el hombre un embrión pequeñito; por eso atención a muchas tonterías: ese embrión chiquitín necesita un útero. Hay que decir esto a los curas, que muchos no saben nada.
Ese útero es la comunidad. Y necesita ser alimentado por la Palabra de Dios para crecer y ser sostenido por la gracia de los Sacramentos, la Celebración penitencial y la Eucaristía. Y por la comunidad, que es una gracia enorme viendo la acción de Dios en los hermanos. Y por un cordón umbilical que es la obediencia a los catequistas.
Esto es el Camino Neocatecumenal, que tenemos el poder de hacer hijos de Dios realmente. Siempre habéis obedecido, siempre, y ha sido una cosa verdaderamente maravillosa: la obediencia a los catequistas.
Ser hijos de Dios, Dios quiere habitar en nosotros. Por eso dice elApocalipsis «Mira que estoy a la puerta y llamo. El que me abra mi padre y yo descenderemos a él y en él haremos nuestra morada». Quieren el Padre y el Hijo estar en mi corazón por medio del Espíritu Santo y estar en mí de forma que mi pecho sea un santuario de la Santísima Trinidad, como es el santuario de todos los cristianos.
Por eso, para no contristar al Espíritu Santo, para que no se vaya necesitas ser humilde como Cristo. Dice san Pablo: «No contristéis al Espíritu Santo». Pero cuando dice eso, si veis el contexto, no se refiere a la sexualidad, al sexo: se refiere a las divisiones en la comunidad, a los juicios: eso contrista al Espíritu Santo, destruye la Iglesia. No puedes juzgar. Te ha dicho Dios que no juzgues a nadie. ¿Y por qué juzgas? ¿Y por qué sigues juzgando? Pues ya es hora que el Señor te saque de aquí. ¿Por qué? ¿A quién juzgas si tú eres un miserable? ¿A quién estás juzgando tú? ¿Te crees mejor que alguien? ¿En qué? ¿En qué eres mejor que nadie? ¿Por qué juzgamos en la convivencia…?
Necesitaríamos ser cristianos. Porque el mundo, como está cambiando, y está toda la apostasía y toda la sociedad española también cambiando a toda velocidad, pues el Señor necesita que seamos cristianos. Y la mejor forma que Dios tiene para hacernos cristianos es a través de los Sacramentos. Y por encima de todo la Vigilia pascual. Porque va a pasar el Señor y va a destruir nuestro faraón, va a destruir nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestra avaricia, nuestra hipocresía. ¡Fíjate qué alegría, esa noche va a pasar el Señor! ¿Cuándo va a pasar? ¿Cómo pasará? Pues a lo mejor a través del testimonio de una hermana. Pues mira, a lo mejor estás distraído y pasa a través de un canto, una palabra… No sé, no sé en qué momento va a pasar: va a pasar el Señor y quiere que dejes en el agua del bautismo tu hombre viejo. Y que en la Eucaristía, en la fracción del pan, veas a Cristo que muere por ti y mueras tú con él ––como decía Carmen–– y resucites con él a una vida superior,  a una vida nueva. Y tengamos cincuenta días de Pascua como un único domingo, cincuenta días de Pascua, de fiesta; porque así como dice san Agustín que la Cuaresma es imagen de la vida terrestre, la Pascua, el Tiempo pascual, es imagen de la vida divina.
Claro, os hemos enseñado a vivir el tiempo litúrgico. Y en el tiempo de Pascua no hay que enfadarse con nadie. Y si tienes que reñir a tu hijo le dices: «¡Bueno, cuando pase el Tiempo pascual verás la que te voy a dar!». Y que haya flores en la casa. ¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo ha resucitado! ¡Vivamos de la resurrección del Señor, de la victoria sobre la muerte! El cristianismo es un canto de esperanza y de felicidad, que tenemos que darlo a esta generación, a todo nuestro entorno. La gente nos está mirando. Y si esto lo tienes dentro te aseguro que le estás haciendo un bien enorme a todo el mundo.
Bien, hermanos, pues ánimo. En esta Cuaresma acordaos de rezar por mí para que no abandone, porque cuanto más viejo soy más libre soy, más pecador soy, más puedo dejarlo todo y traicionar; soy libre, como todos. Y mi fe viene amenazada como la de todos. Decían los padres del desierto que cuanto más ancianos somos, el demonio aumenta su poder contra nosotros, porque le queda poco tiempo. ¿Y sabes cuál es la primera tentación que nos hace el demonio? Te comienza a hacer dudar de que exista la otra vida. ¿Cuántos años tienes? ¿Ochenta y cinco años? ¿Por qué estás dudando de que exista el cielo? Por ejemplo: ha muerto Carmen, ¿Carmen está viva? ¿De verdad? ¿Te lo crees tú? ¿Por qué lo crees? ¿Quién te ha dicho que está viva? Ésta, por ejemplo, es una acción del demonio en la vejez, en los ancianos. Por eso tenemos que ser ayudados unos a otros, por eso tenemos necesidad de una comunidad y de exhortarnos en la fe; y de los catequistas, de alguien que nos exhorte y dejar al demonio sin poder. Fíjate tú que el demonio te meta esas dudas y de pronto haces caso. Y cuando te has dado cuenta te has quedado sin fe, no crees ni en el cielo ni en el infierno ni en la otra vida. «¿Y cómo vives?». «¡Pues así!». «¿Y vas a la comunidad?». «Pues voy, pero Kiko, hace tiempo que me quedé sin fe». «¿Es que pecaste contra la fe?». «Pues no lo sé». Pero por eso, atención, tenemos que estar combatiendo.
Y la Iglesia que es una madre maravillosa nos pone el tiempo litúrgico que viene en nuestra ayuda. La Cuaresma es un tiempo providencial de amor de Dios hacia nosotros y de enseñarnos a amarle a él (sic) con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas. Y sobre todo: amarnos los unos a los otros. Amad a todos, dice san Pablo, pero especialmente a los hermanos en la fe. Amaos, ayudaos los unos a otros. No tengáis nada vuestro, tenedlo todo en común para los hermanos, nada nos pertenece. Nosotros somos todos unos pobrecitos.
Pues ahora, pongámonos de pie y vamos a terminar haciendo el canto: “Llévame el cielo” como hacemos siempre. Dice san Pablo que morir es con mucho lo mejor.
 Canto: “Llévame al cielo”
KIKO:
Yo abro la oración, que es muy importante. No sabemos pedir lo que nos conviene, pero la oración comunitaria del pueblo tiene un valor muy grande. Ha dicho el Señor: si dos os ponéis de acuerdo para pedir algo en mi nombre, no tengáis miedo que yo os lo concederé. Yo abro la oración y después, si alguno queréis (sic) hacer una oración puede hacerla breve y con voz fuerte. Y después el párroco elevará nuestras peticiones al Padre en el nombre de Jesús.
Oremos.
Yo, Padre, te doy las gracias por este encuentro: te suplico que tengas piedad de mí, que soy un pobrecito. Tú sabes que ya no tengo fuerzas para nada, que tengo poca fe. Te suplico que tengas a Carmen contigo.
Y ahora, Señor, estas comunidades que tú has elegido desde antes de la creación del universo para que abran un itinerario de fe post-bautismal que pueda ser llevado a todas las naciones, ayuda a estos hermanos a ser fieles. Detrá (sic) de ellos tienen un pueblo, tienen los nietos, los hijos y las comunidades que están detrás que todas están mirándoles, Míranos, Señor, míranos a todos que somos todos unos pobres y somos todos pecadores. Ahora, Señor, inspíranos la oración que nos quieres conceder.
 Oraciones espontáneas
KIKO:
Te pido por el Papa, Señor, dale fuerza profética, consuela su corazón, dale salud y discernimiento para gobernar la Iglesia. También te pedimos por todos nuestros enemigos, por todos aquellos que a mí me detestan. Y también te pedimos por el obispo de esta diócesis, por el cardenal: ayúdale.
 Padre nuestro
 Bendición final
KIKO:
Podemos ir en paz.
Nos veremos en el anuncio de la Pascua. ¡Ánimo chicos!

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