venerdì 17 marzo 2017

“Me voy a todas partes” (Tagore)

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por Elia Saneleuterio Temporal

La atmósfera cultural de Tagore
Rabindranath Tagore [1861-1941] fue un poeta y filósofo hindú, también novelista, dramaturgo, músico e incluso pintor. Se crio en una atmósfera cultural patente: era el pequeño de catorce hermanos, entre los que se contaron grandes artistas que supusieron un entorno cultural y literario propicio y cercano. A los diecisiete años fue a estudiar a Inglaterra, hecho que, sin duda, posibilitó su acercamiento lingüístico e ideológico a Europa. Además, su padre, Devendranath Tagore, fue uno de los más relevantes promotores de la conciliación entre cosmologías y religiones, principalmente entre el hinduismo y el cristianismo. El ambiente familiar y las circunstancias que lo rodearon marcarán la orientación filosófica no solo de sus escritos ensayísticos, sino también de los literarios.

Tagore y el Premio Nobel

En 1913 Tagore recibió el Premio Nobel de Literatura y, con ello, se multiplicó el interés de filósofos, intelectuales y lectores de varias ideologías y niveles culturales que comenzaron a acercarse a su obra. Sin embargo, Tagore ya era conocido antes de esa fecha. Aunque la cultura hindú —y la oriental, en general— siempre ha encontrado más obstáculos que la occidental para difundirse entre los países de habla hispana, el caso particular de Tagore no se adecuó a los patrones típicos. Tagore escribía en su idioma materno, el bengalí, pero podemos decir que su producción fue en realidad bilingüe, porque él mismo se encargaba de traducirse casi simultáneamente al inglés. Fue esta segunda premisa la que le aseguró una rápida recepción más allá de las fronteras de la India, incluso con antelación al Nobel: quizás este hecho motivara la candidatura, sobre todo si tenemos en cuenta que fue el primer escritor asiático (en realidad, el primero no europeo) en recibir el premio de la Academia Sueca.

La recepción de Tagore en España

Tagore fue un éxito en España gracias a las traducciones que de su obra realizaron uno de los grandes poetas de la época y también Premio Nobel, Juan Ramón Jiménez, y su esposa, Zenobia Camprubí, quienes partieron de los textos ya volcados al inglés.
El éxito de estas versiones de Tagore fue sorprendente: la primera de ellas, La luna nueva, conoció tres ediciones y 9.000 ejemplares vendidos en su primer año de vida (1915). En 1917 fueron también tres las ediciones de El jardinero, y diez más en los años siguientes. (César Santonyo 1995: 82)
Son obras que continúan vigentes, que han pasado frescas el umbral del siglo XXI, y como prueba la reedición casi ininterrumpida que experimentan aún hoy día.
José Hierro o Julio Cortázar son una muestra de los poetas españoles e hispanoamericanos de la época que leyeron algunos de los libros de Tagore o, por lo menos, que conocían algunas características de su filosofía.
La cosmovisión de Tagore
El poema LXXIV de Fruit-Gathering (La cosecha) reúne muchas notas significativas que explican la cosmovisión de Tagore.
Están rotas mis ataduras, pagadas mis deudas, mis puertas de par en par… ¡Me voy a todas partes!
Ellos, acurrucados en su rincón, siguen tejiendo el pálido lienzo de sus horas; o vuelven a sentarse en el polvo, a contar sus monedas. Y me llaman para que no siga.
¡Pero ya mi espada está forjada, ya tengo puesta mi armadura, ya mi caballo se impacienta!… ¡Y yo ganaré mi reino!
Frente al hablante, incomprendido, se presenta al grupo de los “otros”, obstinados por los bienes caducos e infructuosos —monedas y polvo, respectivamente—. Son los enemigos de quien quiere la emancipación de la libertad, del conocimiento verdadero, de la iniciación cristiana.
La palidez de las horas, como realidad sin color, es símbolo del aburrimiento que impregna a los mortales, cuando nada hay trascendente para ellos.
Los dos movimientos básicos que estructuran el poema de Tagore se encuentran en pasajes del Antiguo Testamento: por un lado, la huida, que precisa una liberación previa de las ataduras; por otro lado, el comienzo de un camino que tiene como destino todos los destinos.
El iniciado es, pues, un elegido para anunciar la verdad en todas partes. Son evidentes las reminiscencias bíblicas, especialmente de los Evangelios: “Id a todos los pueblos y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19); “Id por todo el mundo y anunciad la buena nueva del evangelio a toda la humanidad” (Mc 16, 15). Estos versículos, que cierran los dos evangelios citados, pueden provocar paradoja si se comparan con la conclusión del tercero de los sinópticos: “Quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza que os vendrá de arriba” (Lc 24, 49). En el texto de Tagore tenemos la respuesta: primero, el elegido debe esperar su momento; después, partir en camino: el sujeto tagoriano ha sido revestido, ha sido preparado. En efecto, todo se lo encuentra hecho quien se abandona confiado a la misión encargada: alguien ha cortado sus ligaduras, le ha puesto la armadura y le ha preparado las armas.
Tagore y el pensamiento cristiano heredero del Concilio Vaticano
El pensamiento cristiano heredero del Concilio Vaticano descubrió en Tagore llaves muy seductoras para transmitir la necesidad de liberación a través de la luz de la fe. En los años 60, una joven Carmen Hernández, que había sentido una vocación muy fuerte hacia Dios y hacia la misión a las naciones, encontró en el poema comentado la explicación más acertada de su propia experiencia. Por esas fechas se iniciaba, con Kiko Argüello, el padre Mario Pezzi y la mencionada Hernández, el Camino Neocatecumenal. En este contexto se popularizó años más tarde una versión musicada del texto tagoriano, cuyo primer título fue “Carmen 63”, seguramente por el origen de la inspiración que había causado acerca de no tener miedo al tiempo y salir por todo el mundo; de hecho, el poema de Tagore sirve, desde que los catequistas lo descubrieran, para animar a todos aquellos que salen en misión evangélica durante la celebración de la llamada Merkabá.
La profundidad de análisis a la que se presta la obra de Tagore—y de la que hemos visto una pequeña muestra— es posible, seguramente, porque Tagore es uno de los escritores internacionales que con más sencillez y clarividencia ha sabido captar el fondo del alma humana, cifrando con una belleza sobria y concisa algunas de las llaves principales que mueven nuestras actitudes y aspiraciones últimas.
Sobre este tema…
Argüello, Kiko (2012): Resucitó. Cantos para las Comunidades Neocatecumenales (19.ª ed.)Madrid, Centro Neocatecumenal Diocesano.
César Santonyo, Julio (1995): “La biblioteca de Babel: traducción y permeabilidad transcultural”, Hieronymus Complutensis. El mundo de la traducción, 1, pp. 79-86.
Hernández, Carmen (1994): “Testimonio. Recogido de la convivencia de verano del curso 1994-1995 con motivo de la explicación del canto ‘Carmen 63’ ” [en línea]. Disponible en <http://www.elarcadenoe.org/septima/carmen.htm> [ref. de 21 de diciembre de 2012].
Keriheb Kalio, F. L. (2009): “Ganaré mi reino, R. Tagore. (Reflexión de F.L. Keriheb Kalio)”, [en línea], disponible en <http://boards5.melodysoft.com/juliadelarua/ reflexion-de-fl-keriheb-kalio-1212.html> [ref. de 22 de diciembre de 2012].
Saneleuterio, Elia (2011): “Hierro y Tagore frente a sus ataduras: la alucinación como espacio poético de libertad”, en Caballero-Alías, Pilar, Félix Ernesto Chávez y Blanca Ripoll Sintes (eds.), Del verbo al espejo. Reflejos y miradas de la literatura hispánicaBarcelona, PPU. Promociones y Publicaciones Universitarias S.A., pp. 187-200.
Saneleuterio, Elia (2012): “La recepció del pensament tagorià en la cultura hispànica del segle XX”, Liburna, 5.
Tagore, Rabindranath (1970): Obra escojida: Lírica breve: Teatro. Cuento. Aforismo. Escuela, traducción de Zenobia Camprubí de Jiménez, Madrid, Aguilar.
 Te recomendamos este artículo de Elia Saneleuterio sobre Tagore.
http://blogfilosofia.ucv.es
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