giovedì 14 marzo 2019
mercoledì 13 marzo 2019
KIKO ARGUELLO: FELICITÀ PER L'UOMO. Sal 127(128)
FELICITÀ PER L'UOMO. Sal 127(128)
Barrè al II tasto
La- Mi- La-
C.+A. FELICITÀ PER L'UOMO CHE TEME IL SIGNORE
Re- Fa Mi
FELICITÀ PER L'UOMO CHE CAMMINA NELLA SUA VIA.
Re- Mi
C. Vivrà del lavoro delle sue mani,
Re- Mi
sarà felice e godrà di ogni bene:
Fa Mi
la sua sposa come vite feconda nel centro della sua casa;
Fa Mi
i suoi figli come virgulti d'ulivo intorno alla sua mensa.
La-
A. FELICITÀ PER L'UOMO...
Re- Mi
C. Così sarà benedetto l'uomo che teme il Signore:
Re- Mi
ti benedica il Signore da Sion!
Fa Mi
Che possa tu vedere la prosperità di Gerusalemme!
Fa Mi
Che possa tu vedere i figli dei tuoi figli!
La-
A. FELICITÀ PER L'UOMO...
martedì 12 marzo 2019
lunedì 11 marzo 2019
Kiko Arguello: Anuncio de Cuaresma 2019 (6)
Cómo se ama a Cristo? Pues eso, ocupando el último lugar, pidiéndole a Cristo que te conceda ser el último y el peor de todos. ¡Considérate el último y el peor de todos! dicen los padres del desierto. ¿Y esa monjita se considera la última del convento y la peor de todas? ¡No, eso es un grado de virtud muy alto! ¿De verdad te consideras la última y la peor de todo el convento? ¿Y tú te consideras el último y el peor de toda la comunidad? ¡No, ni siquiera lo has pensado nunca!
¿Quieres seguir a Cristo? ¿Quieres se (sic) cristiano? ¿O quieres ser neocatecúmeno, así, a lo tonto?
No, no, el Necatecumenado es un camino para ser cristianos. En la Iglesia primitiva se entraba a la Iglesia por el Bautismo, pero antes había que hacer el Catecumenado, que es una forma de preparación al cristianismo adulto para recibir el Bautismo. Y cuando han hecho un camino de Iniciación cristiana en el que han descubierto el hombre viejo, entonces eran invitados a entrar en la tumba de Cristo —representada en una piscina— y dejar allí el cadáver del hombre viejo. Y eran sumergidos en el nombre del Padre (y se sumergía), en el nombre del Hijo y en el nombre del Espíritu Santo. Cuando salía del agua, salía un hombre nuevo, porque en esa agua habían quedado los pecados del hombre viejo gracias a la cruz de Cristo que había hecho que esa agua bautismal de la Vigilia pascual —por eso se mete en el agua el cirio y la cruz— tenga el poder de destruir nuestro hombre de pecado, el hombre que hay dentro de nosotros que es un orgulloso, que es un soberbio, que es un sensual, un hombre viejo, el hombre del mundo, etc. Pero Cristo ha muerto para que nosotros podamos recibir el Espíritu de Cristo, la misma naturaleza de Dios habitando en nosotros. Eso es impresionante, es algo que no se puede ni decir: ¡que en vosotros y en mí habite Dios mismo, que Dios habita dentro de nosotros, somos como un templo maravilloso de la Santísima Trinidad donde están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitando en nosotros y haciéndose uno dentro de nosotros! Por eso esta unidad, esta realidad hace que la comunidad sean uno, uno, y el mundo se transforma. «Sed perfectamente uno y el mundo creerá».
Y ¿cómo podemos hacer que esto no sean palabras, sino que esto sea cierto, realmente cierto? ¡Hermanos, lo intentamos como podemos! Pero está frente a nosotros el demonio, están nuestros pecados, está nuestra pereza, nuestra burguesía, nuestra dejadez. A lo mejor no te mereces la gracia, porque todo depende de Dios. La conversión viene de Dios y a lo mejor el Señor no te da su gracia porque cuando te llamó a la conversión no quisiste.
¿Y ahora? ¡No sabemos, es un misterio muy grande! Como es un misterio este encuentro conmigo, es un misterio que Dios haya decidido que hoy escuchéis una palabra, una palabra de salvación que os haga vivir una Cuaresma nueva
El Señor quisiera que esta palabra se nos diera a todos y saliéramos de aquí con nuestro espíritu fecundado por la palabra de Dios, fecundados por su palabra. ¿Y qué palabra nos puede fecundar? ¿Qué quieres que te diga: que Dios te ama? ¿Estás preparado para escuchar esta palabra? ¡Bah! «¡Repítela!». «¡Dios te ama!». «Mira, Kiko, me ha entrado por aquí y me ha salido por aquí. ¿Puedes repetirla?». «Sí. ¡Dios te ama!». «¡Igual, me ha entrado por aquí y me ha salido por aquí! No me provoca nada, nada». «Dios ha dado la vida por ti…». «¡Pues como si la ha dado por mi tía la del pueblo!». «Entonces ¿qué tengo que hacer para que te conviertas?». «¡Yo no lo sé, lo sabrás tú!». «Es Dios el que convierte, no te llama el Señor a conversión». «¡Ah! ¿No? ¿Es que la conversión no depende de mí?». «No, depende del Señor y de cuando el Señor quiera. ¡Hoy el Señor a ti no te llama a conversión, no te lo mereces!
La conversión es una gracia inmensa. ¿Y tú crees que te mereces que recibas una palabra que te transforme y salgas de aquí transformado en Cristo?». ¡Hombre, eso sería demasiado! ¡Si no nos merecemos nada! Para ello necesitaríamos ser humildes, humildes. Y no somos humildes ninguno, comenzando por mí; no somos humildes, Por eso muchos hermanos son preparados para ir al cielo con enfermedades, con sufrimientos, con el cáncer, con tragedias, pero con ello les hacen pequeños y les preparan al encuentro con el Señor. Porque el Señor nos está esperando en el cielo a todos.
O sea, vivir la vida con la cruz iluminada, eso sería cristiano. «¿Es que estamos aquí en una especie de escuela de cristianismo?». «Sí». «¡Ah! ¡Estamos en una escuela de cristianismo!». O sea, que yo tendría que enseñaros a todos a subir a la cruz y a estar contentos de participar con Cristo de su cruz.
domenica 10 marzo 2019
KIKO ARGUELLO: ANUNCIO DE CUARESMA 2019 (5)

Dice Cristo: «El Padre y Yo somos uno, perfectamente uno. Felipe, quien me ve a mí ve al Padre». Esto es muy importante que lo sepáis, que sepáis cómo Dios ama: Dios ama haciéndose uno en nosotros. ¿Qué quiere decir que Dios se hace uno en mí? Pues que Dios no se reserva nada, Cristo no se reserva nada para Él, está todo en mí, está totalmente uno en mí, de forma que quien me ve a mí ve a Cristo.
Así ama Cristo, dándose totalmente. Y nos invita a nosotros a amar a los demás así, no a amar un poquito haciendo un servicio a uno o haciendo un favor a otro. No, no, nos invita a ser uno. Dice Cristo a una comunidad: «Si sois perfectamente uno el mundo creerá» (Jn 17,23). ¿Y cómo podemos hacer para que en nuestra comunidad se dé la unicidad de Dios, que seamos todos perfectamente uno en Cristo? Piénsalo, piensa un momento cómo en el fondo tú, en tu comunidad, no eres uno con nadie; aparte los juicios y otras cosas.
Pero somos llamados a ser perfectamente uno en Cristo. Por eso necesitamos rezar y pedir al Señor que nos haga uno para que el mundo crea: «Si sois perfectamente uno el mundo creerá». Porque el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo son tres personas, un único Dios, son uno. Esto, que se da en la Santa Trinidad, quiere Dios realizarlo en la Iglesia, en las comunidades.
Santo son tres personas, un único Dios, son uno. Esto, que se da en la Santa Trinidad, quiere Dios realizarlo en la Iglesia, en las comunidades.
«¡Mirad cómo se quieren, son uno, perfectamente uno! ¡Mirad cómo se aman!». Esto decía el mundo pagano viendo a los primitivos cristianos, se quedaban verdaderamente admirados de su amor, de cómo se querían, de que eran perfectamente uno en todo, también en el dinero.
Estamos haciendo Catequesis en las familias con paganos, con no bautizados.
Está todo el mundo lleno de paganos, de gente no bautizada que no conocen a Jesucristo; saben que existe la Religión católica, que hay iglesias, los curas y todas esas cosas, pero nada más. ¡Y no les interesa absolutamente! No quieren verse encasillados en una parroquia o en una iglesia. Detestan esto. Pero en las familias sí están dispuestos a escuchar. No les invites a la parroquia que no vienen, invítalas a tu casa y entonces sí están dispuestos a venir. Para llegar a lo que significa una estructura de parroquia se necesita mucho tiempo y el mundo pagano no está preparado para eso. Pero sí está preparado para encontrarse y hablar contigo porque le impresiona la música que empleas cuando hablas, en esa música él advierte alguna cosa nueva.
Está todo el mundo lleno de paganos, de gente no bautizada que no conocen a Jesucristo; saben que existe la Religión católica, que hay iglesias, los curas y todas esas cosas, pero nada más. ¡Y no les interesa absolutamente! No quieren verse encasillados en una parroquia o en una iglesia. Detestan esto. Pero en las familias sí están dispuestos a escuchar. No les invites a la parroquia que no vienen, invítalas a tu casa y entonces sí están dispuestos a venir. Para llegar a lo que significa una estructura de parroquia se necesita mucho tiempo y el mundo pagano no está preparado para eso. Pero sí está preparado para encontrarse y hablar contigo porque le impresiona la música que empleas cuando hablas, en esa música él advierte alguna cosa nueva.
Hay una anécdota que conocéis de los aborígenes de Australia que nos contaron el equipo itinerante. Nos dijeron que estaban haciendo Catequesis con los aborígenes después de muchos años. Venían los aborígenes caminando descalzos de lugares lejanos. Y, al final, cuando estaban terminando las Catequesis, decidieron explicarles la Pascua enseñándoles los signos del Seder Pascual hebreo. Y llevaron el pan ácimo, las yerbas amargas, el huevo, un trozo de hueso del cordero… Los signos del Seder.
Y los indios comenzaron a levantarse y a tocar aquello todo asombrados. Y dice uno de los catequistas: «¿Qué pasa? ¿Qué sucede?». «Nada, quieren saber qué es esto». «¡Pero lo estamos explicando, estamos diciendo lo que es esto!». «Ya, pero es que aquí nadie entiende nada del lenguaje que utilizáis». «¡Ah! ¿No? ¿No entienden el inglés?». «No, no entienden nada». «Pero cómo: ¿llevamos aquí tres meses hablando y nadie entiende nada?». Y les responden: «No». «Y entonces ¿por qué vienen?». Y le dijeron: «¡Por la música!». «¿Cómo? ¿Qué música? ¡Si no estamos cantando nada!». «Al hablar usáis una música: este pueblo es un pueblo aborigen y tienen un concepto de la vida muy distinto de vosotros. Ellos ven una huella y saben si es su tío o su prima, saben todo». Y dice: «¿Pero qué música?». «¡La música que utilizáis al hablar, la música, la entonación!». «¿Y qué ven en la música?». «¡Que lo que decís es verdad, que es la verdad!». «¡Pero si no entendéis nada!». «¡No importa, estamos escuchando la verdad!». Esto que os cuento es histórico, los aborígenes australianos estaban allí solo por la entonación, la música les hacía ver que lo que decimos es la verdad. Después aprendieron el inglés y están allí muchos de ellos en comunidad, hemos hecho comunidades con los aborígenes; pero nos han enseñado muchas cosas.
Por eso es muy importante que seamos verdaderos, porque todo lo que tú eres lo expresas cuando hablas a través de la entonación. Hay curas que cuando dicen la Homilía usan un retintín que ya sabes que lo que está diciendo no te interesa, porque no suena verdadero. Y no es verdadero no porque lo que diga no sea verdad, porque está diciendo cosas de la Iglesia, sino porque no suena auténtico; hay que ser auténticos, vivir en la verdad de lo que dices con palabras. Está esperando el mundo que seamos auténticos; y no les podemos engañar. Le digo a un cura: «Mira, tú serán muy bueno, pero usas un retintín que no hay quien te soporte». «¿Qué es eso del retintín?». «Pues la música que empleas que muestra que no estás en la verdad, que estás en pecado; no te digo si has pecado gravemente cometiendo un pecado mortal, no, pero tu vida no funciona». Porque todo lo que tú eres se expresa en la música que empleas al hablar, lo que tú eres de verdad: lo que has sufrido, lo que estás viviendo.
sabato 9 marzo 2019
KIKO ARGUELLO: ANUNCIO DE CUARESMA 2019 (4)

Por eso tenemos que estar todos muy agradecidos al Señor de que nos haya elegido para que le ayudemos a salvar la Iglesia, a salvar el mundo, a llevar el Evangelio a las naciones.
Y es maravilloso que podamos vivir nuestra fe en una comunidad cristiana, nuestra fe. Y cuando algunas familias parten, queda su comunidad que reza por ellos y que les sostienen y todo lo que estamos haciendo en estos momentos en todo el mundo que es verdaderamente impresionante.
Estamos verdaderamente sobrecogidos, sorprendidos y muy agradecido a que
el Señor cuenta con nosotros que somos todos pecadores y muy débiles.
Y es maravilloso que podamos vivir nuestra fe en una comunidad cristiana, nuestra fe. Y cuando algunas familias parten, queda su comunidad que reza por ellos y que les sostienen y todo lo que estamos haciendo en estos momentos en todo el mundo que es verdaderamente impresionante.
Estamos verdaderamente sobrecogidos, sorprendidos y muy agradecido a que
el Señor cuenta con nosotros que somos todos pecadores y muy débiles.
Por eso, esta misión que nos encomienda, pasa por la Vigilia pascual.
El Señor, comprendiendo nuestra debilidad y nuestra pobreza, ha establecido sacramentos de salvación que alimentan nuestra fe. Pues de entre todos los sacramentos, el más importante es el Triduo Pascual, del cual celebramos, en cada Eucaristía, la Pascua; se le llama a la Misa del domingo la Pascua de la semana.
El Año Litúrgico tiene un centro que es el Triduo Pascual, la celebración de la Pascua, la noche en la cuál conmemoramos la victoria de Cristo sobre la muerte. Y se conmemora, se hace presente. En esa noche decimos: ¡De nuevo el Señor pasa, pasa ahogando al faraón que tenemos dentro todos, el faraón del egoísmo, y pasa resucitándonos con su Hijo Jesucristo! Por eso en esa noche bautizamos a nuestros hijos y tenemos una piscina en medio de nuestra asamblea. En esa piscina no solamente metemos a los niños, al hombre viejo de nuestros hijos de forma que bautizados reciben la gracia bautismal, reciben una gracia impresionante de amor, de la vida eterna, de la vida nueva de Dios habitando en ellos; antes habitaba el demonio, ahora habita Dios gracias al Bautismo. Pero eso no sucede solamente en nuestros hijos sino que eso queremos que se realice en cada uno de nosotros en la Noche Santa. Pero hay que prepararse para que en esa noche en la que pasa el Señor realmente se realice en ti este acontecimiento de que tu hombre viejo sea sepultado y que tú nazcas con la gracia de tu Bautismo a una vida nueva. El Señor te necesita santo, nos necesita santos. No podemos ser un grupito más de la Iglesia, un grupito religioso: los neocatecúmenos o esas cosas. ¿De qué hablamos? ¿Os interesa eso? ¡A mí no me interesa para nada un grupito en la parroquia! ¿Qué es eso? ¡Yo no doy la vida por eso, yo doy la vida por un pueblo nuevo, un pueblo cristiano donde todos están dispuestos a partir a la evangelización!
Bien hermanos, en preparación a esta Cuaresma, la Iglesia nos presenta las
Tentaciones de Cristo. Cristo se va al desierto y va a vivir cuarenta días y cuarenta noches ayunando. Él se enfrentará al Shemá: «Escucha Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón». Jesucristo, antes de comenzar su misión, es sometido a un examen, el mismo examen al que somos sometidos nosotros en esta Cuaresma, que es el Shemá. Seremos sometidos todos a esto: «Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas». Esto tiene que ser verificado. ¿Y cómo sabemos que amamos a Dios con todo el corazón? Dios, para preparar a su pueblo, lo llevará al desierto. Porque, dice el Señor: «Te llevé al desierto para vieras lo que tenías en tu corazón y si estabas o no dispuesto a obedecerme y a amarme» (cf Dt
8,2). Ellos descubrieron que en su corazón no estaban dispuestos a obedecer a Dios, porque descubrieron que tenían un corazón lleno de murmuración contra Dios, de juicio contra Dios, se dieron cuenta de que eran un pueblo malvado. Pues esa fue la preparación que hizo Dios con su pueblo: llevarlos al desierto para que conocieran quiénes eran y qué es lo que tenían dentro de su corazón. Y después, cuando vieron su desobediencia, su orgullo, su soberbia, aceptaran que Dios comenzara con ellos una obra de educación a la fe, una obra de verdad, de amor, una obra importante.
El Año Litúrgico tiene un centro que es el Triduo Pascual, la celebración de la Pascua, la noche en la cuál conmemoramos la victoria de Cristo sobre la muerte. Y se conmemora, se hace presente. En esa noche decimos: ¡De nuevo el Señor pasa, pasa ahogando al faraón que tenemos dentro todos, el faraón del egoísmo, y pasa resucitándonos con su Hijo Jesucristo! Por eso en esa noche bautizamos a nuestros hijos y tenemos una piscina en medio de nuestra asamblea. En esa piscina no solamente metemos a los niños, al hombre viejo de nuestros hijos de forma que bautizados reciben la gracia bautismal, reciben una gracia impresionante de amor, de la vida eterna, de la vida nueva de Dios habitando en ellos; antes habitaba el demonio, ahora habita Dios gracias al Bautismo. Pero eso no sucede solamente en nuestros hijos sino que eso queremos que se realice en cada uno de nosotros en la Noche Santa. Pero hay que prepararse para que en esa noche en la que pasa el Señor realmente se realice en ti este acontecimiento de que tu hombre viejo sea sepultado y que tú nazcas con la gracia de tu Bautismo a una vida nueva. El Señor te necesita santo, nos necesita santos. No podemos ser un grupito más de la Iglesia, un grupito religioso: los neocatecúmenos o esas cosas. ¿De qué hablamos? ¿Os interesa eso? ¡A mí no me interesa para nada un grupito en la parroquia! ¿Qué es eso? ¡Yo no doy la vida por eso, yo doy la vida por un pueblo nuevo, un pueblo cristiano donde todos están dispuestos a partir a la evangelización!
Bien hermanos, en preparación a esta Cuaresma, la Iglesia nos presenta las
Tentaciones de Cristo. Cristo se va al desierto y va a vivir cuarenta días y cuarenta noches ayunando. Él se enfrentará al Shemá: «Escucha Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón». Jesucristo, antes de comenzar su misión, es sometido a un examen, el mismo examen al que somos sometidos nosotros en esta Cuaresma, que es el Shemá. Seremos sometidos todos a esto: «Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas». Esto tiene que ser verificado. ¿Y cómo sabemos que amamos a Dios con todo el corazón? Dios, para preparar a su pueblo, lo llevará al desierto. Porque, dice el Señor: «Te llevé al desierto para vieras lo que tenías en tu corazón y si estabas o no dispuesto a obedecerme y a amarme» (cf Dt
8,2). Ellos descubrieron que en su corazón no estaban dispuestos a obedecer a Dios, porque descubrieron que tenían un corazón lleno de murmuración contra Dios, de juicio contra Dios, se dieron cuenta de que eran un pueblo malvado. Pues esa fue la preparación que hizo Dios con su pueblo: llevarlos al desierto para que conocieran quiénes eran y qué es lo que tenían dentro de su corazón. Y después, cuando vieron su desobediencia, su orgullo, su soberbia, aceptaran que Dios comenzara con ellos una obra de educación a la fe, una obra de verdad, de amor, una obra importante.
Pues eso va a hacer con todos nosotros, Él quiere educarnos al amor. ¿Cómo hará el Señor para que se realice en nosotros el Shemá: amarás a Dios con todo tu corazón?
Pues lo lleva al desierto. Y cuando el pueblo descubre que su corazón está lleno de amor a sí mismos y que en lugar de amar a Dios, como no aceptan tener sufrimientos, pues ven que están llenos de murmuración contra Dios. Entonces, con este descubrimiento, conociéndose a sí mismos, se quedarán sobrecogidos. O sea, reconocerán: «¡Yo soy un murmurador! ¡Soy un soberbio! ¡Soy un burgués! Soy uno que está pensando nada más que en pasarlo bien: en las vacaciones, en tener dinero Y en cuanto no tengo esto murmuro contra Dios. ¿Cómo puedo ser cristiano? ¡No soy cristiano! ¡Soy el anti-cristiano! ¡Los cristianos están crucificados con Cristo!».
Pues mira: ¡ya has aprendido mucho, te has dado cuenta de que por tus puños es imposible para ti, que tú en el fondo detestas sufrir, detestas la cruz de Cristo! Entonces no tienes más remedio que mirar al cielo y pedirle al Señor misericordia. Porque si no eres cristiano ¿para qué estás aquí? ¡Es mejor que te vayas! ¿Qué hacemos aquí? ¿Perder el tiempo?
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