giovedì 20 febbraio 2020

Kiko Arguello. ANNUNCIO DI QUARESIMA 2020 (Estratti e avvisi)

Risultato immagini per mons. peter baldacchino
S.E. Mons. Peter Baldacchino*, Vescovo di Las Cruces (USA), cha ha presieduto l'Annnucio.

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ANNUNCIO DI QUARESIMA 
ROMA, SEMINARIO REDEMPTORIS MATER
13 FEBBRAIO 2020

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PREGHIERA: INVOCAZIONE ALLO SPIRITO SANTO.


AVVISI:

SETTIMANA "IN ALBIS":
CONVIVENZA CON I VESCOVI ALLA "DOMUS GALILAEAE"

19-24 MAGGIO: PORTO SAN GIORGIO:
CONVIVENZA  FAMIGLIE DISPONIBILI PER LA MISSIONE;

23 MAGGIO, H. 12.00: 
AULA PAOLO VI, ROMA:
INCONTRO CON IL SANTO PADRE PER L'INVIO DI NUOVE FAMIGLIE IN MISSIONE;

21 GIUGNO, CAGLIARI: 
CELEBRAZIONE SINFONICO-CATECHETICA:
"LA SOFFERENZA DEGLI INNOCENTI";

5 SETTEMBRE, ROMA, CIRCO MASSIMO:
INCONTRO VOCAZIONALE CON KIKO.

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CANTO: "SHEMA' ISRAEL"

VANGELO: MT. 4,1-11.

[1] Allora Gesù fu condotto dallo Spirito nel deserto per esser tentato dal diavolo.

[2] E dopo aver digiunato quaranta giorni e quaranta notti, ebbe fame.

[3] Il tentatore allora gli si accostò e gli disse: "Se sei Figlio di Dio, dì che questi sassi diventino pane".

[4] Ma egli rispose: "Sta scritto:
Non di solo pane vivrà l'uomo,
ma di ogni parola che esce dalla bocca di Dio".

[5] Allora il diavolo lo condusse con sé nella città santa, lo depose sul pinnacolo del tempio

[6] e gli disse: "Se sei Figlio di Dio, gettati giù, poiché sta scritto:
Ai suoi angeli darà ordini a tuo riguardo,
ed essi ti sorreggeranno con le loro mani,
perché non abbia a urtare contro un sasso il tuo piede".
[7] Gesù gli rispose: "Sta scritto anche:
Non tentare il Signore Dio tuo".

[8] Di nuovo il diavolo lo condusse con sé sopra un monte altissimo e gli mostrò tutti i regni del mondo con la loro gloria e gli disse:
[9] "Tutte queste cose io ti darò, se, prostrandoti, mi adorerai".

[10] Ma Gesù gli rispose: "Vattene, satana! Sta scritto:
Adora il Signore Dio tuo
e a lui solo rendi culto".

[11] Allora il diavolo lo lasciò ed ecco angeli gli si accostarono e lo servivano.


(...)

KIKO:

NON SIAMO STATI CREATI PER RIMANERE QUI, IN UN CIMITERO, NO, SIAMO STATI CREATI PER VIVERE ETERNAMENTE CON CRISTO.
(...)
DIO CI HA DATO LA VITA NON PER STARE QUA, PERCHE', COME DICE IL TALMUD, QUI SIAMO COME IN UN ALBERGO, NON E' LA NOSTRA CASA, LA NOSTRA CASA E' DA UN'ALTRA PARTE. CRISTO HA PREPARATO LA NOSTRA CASA IN CIELO CON LUI, PERCHE' LUI E' AMORE.
(...)
E CHE COSA SIGNIFICA AMARE? CHI AMA VUOLE ESSERE UNO CON L'ALTRO, COME UN MARITO E UNA MOGLIE, DUE IN UNA SOLA CARNE, GV. 17, 21:
"Come tu, Padre, sei in me e io in te, siano anch'essi in noi una cosa sola, perché il mondo creda che tu mi hai mandato".

(...)

CANTO: COME PECORA

PREGHIERE SPONTANEE

PADRE NOSTRO

LETTURA DI ALCUNE LETTERE DI FAMIGLIE E PRESBITERI IN MISSIONE A WUHAN (CINA)

BENEDIZIONE DI MONS. PETER BALDACCHINO.

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(*): S.E. Mons. Peter Baldacchino è nato il 5 dicembre 1960 a Sliema, Malta. Appartenente al Cammino Neocatecumenale, è entrato nel Seminario Redemptoris Mater a Newark (New Jersey) ed ha compiuto gli studi ecclesiastici presso la “Seaton Hall University” (1990-1996). È stato ordinato sacerdote per l’arcidiocesi di Newark il 25 maggio 1996. Dopo l’ordinazione è stato Viceparroco della Our Lady of Mount Carmel Parish a Ridgewood, New Jersey (1996-1999); Cancelliere della missio sui iuris delle Isole Turks and Caicos (1999-2014), Parroco della Our Lady of Divine Providence Parish a Providenciales Island (2002-2014); e Parroco della Saint Kieran’s Parish a Coconut Grove, Miami (2014-2018). Nel 2009 è stato nominato Cappellano di Sua Santità. Nel 2014 è stato nominato Vescovo titolare di Vatarba ed Ausiliare di Miami. In seno alla Conferenza Episcopale è stato Membro del Committee for the Protection of Children and Young People e del Committee on Clergy, Consecrated Life and Vocations’ working group for the revision of the Program of Priestly Formation. Oltre alla sua madrelingua, parla l’inglese, lo spagnolo e l’italiano.

mercoledì 19 febbraio 2020

Juan Josè Calles Garzon: «Para vivir con vigor la fe es necesario tener una comunidad».

El sacerdote Juan José Calles, en uno de los bancos de la iglesia de Cristo Rey, en el barrio Vidal. /MANUEL LAYA
EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA
El actual párroco de Cristo Rey tiene ese brillo en los ojos del que disfruta y siente lo que hace. Una mirada vocacional. Juan José Calles Garzón, ‘Juanjo’, (1960) procede de Vitigudino, de una familia numerosa, era el quinto de nuevo hermanos (ahora viven ocho).
De su infancia, este sacerdote recuerda a su padre como un trabajador humilde en la industria del carbón y leñas, que murió con 54 años y dejó viuda a su madre, a la que define como«mujer coraje», porque en esa situación, Calles tiene claro que Dios protege a las viudas y las bendice para que salgan adelante.

La primera llamada a la vocación religiosa fue temprana, cuando tenía 10 años. Su padre tenía un hermano religioso Trinitario que en una ocasión visitó el pueblo en búsqueda de vocaciones, y le preguntó: «¿Quién se quiere ir al seminario?», y Juanjo levantó la mano.
«Mi padre, al conocer mi decisión, me miró a los ojos y me preguntó si de verdad quería ir, y yo le dije que sí», recuerda. Y su progenitor aceptó que su hijo se fuese con 10 años a estudiar al seminario menor de los Trinitarios en Alcázar de San Juan, en Ciudad Real. «Allí recibí formación de EGB y BUP, y durante las vacaciones volvía a Vitigudino», confirma.
«Me ha marcado en la vida estar cerca de los enfermos, de la fragilidad humana»
Después de esa etapa formativa inicial vivió su segunda llamada a la vocación religiosa. En concreto, cuando tenía 17 años, tras terminar el Bachiller, cuando tenía que decidir si seguía con el noviciado o no. «Y junto a otros compañeros dimos ese paso y prepararnos para ser religiosos trinitarios». Su formación previa fue clave, al igual que la vivencia con sus compañeros, «pero también recibí la llamada personal de Dios hacia mí y no a otro, para ver la belleza de la vida religiosa», precisa Juanjo Calles.
Y en el sur de España, lejos de su Vitigudino natal, realizó el noviciado, en un colegio de Carmelitas, junto a jóvenes religiosos. Al terminar COU le dieron la posibilidad de estudiar Teología en Roma, Granada o en Buenos Aires, y en ese momento se decantó por descubrir una llamada misionera y embarcarse hacia Argentina. Tenía 18-19 años, y en aquel lugar descubrió lo que define como una Teología popular. Anteriormente ya había tenía contacto con el camino neocatecumenal, «que será definitivo en el desarrollo del discernimiento de mi vocación». Para Juan José Calles, el hecho de que existiesen comunidades religiosas formadas por laicos, cristianos de a pie que vivan la fe en común y en comunión, «fue una revolución».
«Yo reivindico la teología práctica, hecha desde la base, en la parroquia»
Y cuando llegó a Buenos Aires, en febrero de 1981, vivió un discernimiento profundo, «donde Dios me llama a ser cura secular, y lo comunicó a la orden trinitaria, sobre su decisión de ser presbítero. «Me fui como un misionero pero Dios me llamaba a ser presbítero, y volví a Vitugudino».
Y ya en Salamanca comienza su formación en el seminario mayor, que en aquel momento estaba en Villamayor, con el objetivo de formar parte de la Diócesis. Calles estudió Teología en la Universidad Pontificia y tuvo entre sus profesores a Monseñor Ricardo Blázquez, actual arzobispo de Valladolid.
Su primera experiencia pastoral fue en Guijuelo, en el año 1988, donde se ordenó como diácono el 16 de abril de ese año. Y el 25 de septiembre fue ordenado sacerdote en Vitigudino por Antonio Ceballos, obispo de Ciudad Rodrigo. El hecho de que un hijo de la localidad se ordesanase como sacerdote supuso un gran acontecimiento ese día.
Ya como sacerdote, su primer destino fue en Guijuelo, como párroco de El Guijo de Ávila y Campillo. Al mismo tiempo, durante un periodo corto de tiempo (tres años) dio clase de Religión en el instituto de Guijuelo.
En este primer destino como sacerdote le marcaron muchas cosas, como él mismo reconoce, pero de forma especial, los enfermos, «la experiencia con la fragilidad humana, el constatar que los enfermos tantas veces al que acogen y escuchan es al sacerdote», algo que ha vivido en el medio rural. A Juan José Calles le llegaba el hecho de visitar a los enfermos semanalmente, «llevar el alivio de la Palabra de los Sacramentos, de la compañía, es una gracia impagable, escuchar sus relatos, marcados por la Cruz del sufrimiento de su enfermedad, siempre te dejan un poso en el alma de paz, de tranquilidad, de serenidad muy grande».
Otro hecho importante que vivió en Guijuelo fue la creación de un monasterio, el de las Hermanitas de Belén y de la Asunción de la Virgen, desde 1993 a 1999, del que era el capellán, y de las que destaca su fuerza espiritual «enorme». En ese destino permaneció desde el año 1988 hasta 1999. Durante esa etapa también hizo la tesis doctoral, que compaginaba con la vida pastoral. «Yo soy un cura bastante irregular, todos los que se doctoran se van a Roma y yo reivindico la Teología práctica, hecha desde la base, desde la parroquia, desde la comunidad, desde la experiencia vital...», argumenta. Para Calles, la parroquia es un espacio teológico, de reflexión... El título de su tesis era: ‘El camino neocatecumenal, un catecumenado parroquial’.
Después, comienza a dar clases en todo el mundo como profesor de una universidad itinerante, en Berlín, Copenhague, Brasilia o en Guam (Pacífico). «Al año hacía 50.000 kilómetros sirviendo a la pastoral parroquial y las comunidades neocatecumenales de Salamanca», sentencia. Y en 1998, con 38 años, «me esperaba otra sorpresa», cuando el obispo Don Braulio le nombró vicario de pastoral, «y tengo que asumir responsabilidades muy serias e importantes». Y para Calles supuso un cambio grande e importante, al servicio de la Iglesia de Salamanca.
En el año 1999 se tiene que ocupar junto a otro sacerdote de 14 pequeñas parroquias del mundo rural, repartidas en tan solo 40 kilómetros, una etapa que para Juan José fue «preciosa». Se trataba de una pastoral itinerante,«muy misionera», porque cree que para estar en el mundo rural, «se necesita una mística evangélica especial, para ver en el rostro de los ancianos y de los enfermos a Jesús, solo y abandonado». Porque como insiste Calles, hoy en día en el mundo rural, «solo quedamos los curas».
En el año 2005 llega a la parroquia de Cristo Rey, en el barrio Vidal, como administrador tras caer enfermo su sacerdote, y un año después, tomó posesión como párroco tras fallecer el anterior. Desde entonces ha ejercido también como delegado de la Familia y Vida, «ahora estoy en funciones a la espera de que se renueve». Y de forma paralela a su trayectoria pastoral ha sido el poder acompañar al crecimiento y la madurez de tantos jóvenes en las comunidades, «yo fui testigo del nacimiento de las jornadas mundiales de la juventud, que impulsóSan Juan Pablo II en 1984, y Dios me ha concedido la gracia de estar prácticamente en todas las jornadas, he recorrido con tres Papas todo el mundo, menos en Buenos Aires y en Manila, hemos estado en todas».
Juan José Calles está convencido de que hoy en día, en la Iglesia, para vivir con cierto vigor la fe, «es necesario un marco comunitario, tener una comunidad de referencia, si no, la secularización ambiental, nos come». Para este sacerdote, uno de los síntomas de la languidez y de la anemia espiritual de nuestros católicos, «es la falta de referentes comunitarios donde vivir, celebrar, compartir y anunciar la fe».
Al respecto, considera que en los pueblos permanece un sustrato de comunidad humana, «pero se termina el catolicismo rural, están desapareciendo». Juan José Calles confirma que las iglesias están languideciendo cada vez más, «estamos en un cambio de época, saliendo de la cristiandad, está muriendo el cristianismo sociológico, entramos en uno de convicciones». Este sacerdote apunta a que quien quiera ser cristiano en el tercer milenio,«tendrá que jugarse el tipo, a todos los niveles, porque hasta ahora el peso ha gravitado en los presbíteros, pero cada vez somos menos, somos un ministerio a cuidar y cultivar porque somos una especie en extinción».
En el primero de los cuatro libros que ha escrito, sobre su tesis doctoral, sostiene que para la evangelización, «se necesita un catecumenado». Asimismo, piensa que hay que dar un giro y no estar tan centrado en los niños en cuanto a la iniciación cristiana, «dar un giro hacia la atención a los adultos, que con uno que se convierta, renueva una Iglesia». En la actualidad, en la parroquia tienen cinco comunidades neocatecumenales, que mueven unas 150 personas. «Los fieles laicos trabajan más que yo», resalta, al enumerar toda la labor pastoral que realizan estas comunidades.

sabato 25 gennaio 2020

L’arte della parola al servizio della Parola.


Risultati immagini per don fabio rosini
Riprendo dal volume "La predicazione oggi", EDB, 2008, a cura del Servizio nazionale per il Progetto culturale della CEI, la trascrizione della relazione di don Fabio Rosini

Note esperienziali sulla comunicazione della fede

Mi si chiede di trattare l’argomento dell’attuale stato del linguaggio della comunicazione della fede. Credo sia opportuno partire da una constatazione: questo linguaggio sembra essere in molti casi fallimentare, inefficace, non attraente. La colpa, mi sembra necessario riconoscerlo, è del nostro stile di annuncio. Il problema siamo noi. Cercherò di menzionare, a peso, senza troppa analisi, i tipi di difetti che la nostra predicazione presenta a mio avviso. Quanto vado ad enumerare non ha nessuna pretesa di esaustività. Sono solo i punti principali, esposti in grande sintesi, macroscopicamente evidenti, se si vuole fare un’analisi di massima della situazione.

1. Difetto fondamentale e diffusissimo è presupporre la fede negli ascoltatori; spesso ci si ritiene investiti dell’autorevolezza sacramentale che l’ascoltatore non riconosce, anzi non conosce proprio. Direi che la colpa principale di questo approccio è la scarsa considerazione che l’ascoltatore e la sua condizione reale trovano in chi predica. L’assemblea, ad esempio di un matrimonio, è distratta, superficiale, estranea alla liturgia? E chi se ne avvede? Il sacerdote è partito nella sua descrizione della fedeltà prima battesimale e poi nuziale all’alleanza con Dio, parla della grazia che è donata nel sacramento, della vocazione salvifica della famiglia, mentre oramai molta gente non riesce nemmeno a capire il contenuto logico del lessema “sacramento”, o “grazia”, o “salvezza”. Una cosa sola l’uditorio ha per certa: che presto o tardi il prete smetterà di parlare. Possiamo parlare di coincidenza topografica fra predicatore e assemblea, ma non c’è molto di più in comune fra le due parti. L’assemblea non capisce il predicatore, e il predicatore non ha provato a capire l’assemblea.

2. Una fetta non piccola dei nostri sforzi predicatorii viene sperperata in due filoni di un vecchio approccio:
a. Il vetero-moralismo, che per un’inerzia secolare da contro-riforma, insiste sulle opere, spossando l’ascoltatore con la pressione della pretesa. Il difetto maggiore di quest’approccio: se l’agire è conseguenza dell’essere, diventa ridicolo chiedere di agire cristianamente a chi cristiano, forse, non è se non in parte ancora tutta da verificare, perché spesso non è stato formato ad esserlo. Se infatti ripetiamo spesso che la crisi del popolo di Dio è la sua formazione carente, come pensiamo di poter risolvere il problema partendo dal pretendere i risultati? In ogni caso, per definizione, il linguaggio moralista non può essere il linguaggio dell’annuncio.
b. Il neo-moralismo, che confonde il cristianesimo con la forza di volontà, e scivola in approcci stile new-ageponendo tutta la forza della redenzione nella ‘decisione’ come fulcro salvifico. In fondo a Gesù Cristo non rimane altro ruolo che quello di stimolo, di causa solo ed unicamente esemplare.

3. Molte occasioni vengono altresì sprecate in funzione di un peccato tipicamente clericale, una vanagloria ecclesiastica dura a morire, che definisco teologismo astratto. Mentre la gente aspetta di essere coinvolta nella spiegazione della Parola di Dio, ecco che prorompe la libido teologica e si affonda in una serie di precisazioni da algebra dogmatica. Si è, di conseguenza, precisi ed elevati, quanto inutili e noiosi.

4. Ma come non citare anche un altro filone, trionfante e diffuso: il sentimentalismo. La ricerca metodica del punto erogeno nell’ascolto e la tecnica sonora di avviluppante melassa, che tocca la zona certa dell’emotivo, del lacrimevole. Certe pause, certi toni, anche se diametralmente opposti allo stentoreo della vecchia retorica, hanno però in comune lo stesso orribile difetto di fondo: suonano falsi. Ormai questa tecnica è comune ai preti e ai politici. In certo senso viene da chiedersi se sia Veltroni che parla da prete o i preti che hanno da tempo sposato una comunicazione buonista-veltroniana. In questi modi non si è ‘persona’, ma ‘personaggio’. Con tale tecnica non si fa un annuncio ma si da luogo ad un evanescente momento ormonale-impulsivo.

5. Non possiamo tralasciare la fresca generazione dei predicatori provenienti dalle nuove esperienze ecclesiali, movimenti e simili. Qui il difetto è di altro genere, quello di scivolare dal tono kerigmatico-passionale allo stato di espettorazione ripetitiva dello slogan catechetico appreso nel proprio movimento: puoi avere davanti anziane del rosario, fanciulli del catechismo o coppie di fidanzati, la polpetta è la stessa, gli esempi sono gli stessi, i decibel impiegati sono gli stessi. E il senso di estraneità dell’uditorio pure.

6. Di pari passo procede un simile risultato di derivazione più semplice e banale: uno si trova quei quattro schemi che gli sembrano funzionare, e ormai da anni li emette a selezione random. Lentamente ogni predicazione scivola verso questo imbuto precostituito e si finisce per suonare sempre la stessa solfa. È un difetto da replica semi-ossessiva (soprattutto per l’ascoltatore) del rassicurante schema già noto. In poche parole: una mancanza di creatività che genera ripetitività.

7. E che più? Parlando di mancanza di creatività viene in mente un’altra negligenza con cui molti porgono la predicazione: se anche il discorso è azzeccato nella sostanza, si autosqualifica per un difetto essenziale, quello di un tono monocorde. Chissà perché si pensa di avere risolto il problema di una spiegazione del Vangelo quando ne abbiamo identificato i contenuti. A quel punto, invece, abbiamo il bisogno di passare alla fase non meno importante dell’attenzione alla modalità espressiva, della cura della “musica” delle parole, perché di fatto è la cosa che più direttamente influisce sull’ascolto. La parola udita, prima di essere senso, è suono. Certi preti sono così negligenti sulla musica delle proprie parole, sono così concentrati sul significato, e così piatti sul livello sonoro, da divenire prepotentemente, implacabilmente soporiferi. È anche questo un ministero, quello del riposo.

Abbiamo finito? No, certo che no. C’è tanto altro di cui intristirsi. Ma a ben vedere questi sono, tutto sommato, difetti umani che si riflettono nel linguaggio.

Perché dire ciò? Perché in modo costante mi trovo di fronte a responsabili ecclesiali di vario livello che venendo a sapere del felice impatto che l’esperienza sui 10 comandamenti ha sulla gente, mi chiedono aiuto, ma fondamentalmente mirano ad uno specifico risultato: avere gli schemi.
E io mi lancio ogni volta nella difficile esplicazione dell’inutilità di tale richiesta. Riuscirò a spiegarmi questa volta? Mah… Ci riprovo per l’ennesima volta e faccio l’esempio che di solito uso: si cerca uno schema funzionante, un’idea che impatti, e si tenta di trovare una formula nuova ed efficace, una ricetta che possa alzare il livello della cucina. Come si cerca lo spartito di una musica che sia più gradevole, più bella, più geniale.

E allora? Mettiamo che io tiri fuori lo spartito della Settima sinfonia di Beethoven. La musica, lo spartito, lo schema è straordinario. Ma chi lo suonerà? Se a quel punto prendo il flauto dolce e ci suono la Settima di Beethoven, sarà un’esecuzione allappante e ridicola. Tutti cercano gli spartiti, ma in realtà il problema sono gli esecutori. Anzi, corriamo il rischio di giudicare orribile la Settima di Beethoven, mentre orribile è solo l’esecuzione.

Si cercano contenuti, e a me sembra che la nostra bellissima fede ce ne dia a bizzeffe. 10 comandamenti? Per ora si può fare questo, ma forse fra un po’ si deve fare altro. Qualunque argomento può essere reso in modo vitale. Se Pollini suona l’orribile inno di Mameli, te lo fa sembrare bello.

Allora cortocircuitiamo con quanto detto sopra: difetti umani. Qui non si tratta di avere nuove idee ma un tratto predicatorio diverso.
Cosa ce lo può fornire? È chiaro che abbiamo bisogno di lavorare profondamente a livello della formazione, dove si apprende lo stile. Ma quali possono essere i principi cardine? Discutiamone; io propongo le mie povere intuizioni in materia, ma se non spostiamo l’argomento su questo livello, restiamo sempre al palo. Offro il poco che io ho capito e che forse può essere utile.

Quale linguaggio può farci uscire dallo stato di stallo? Dobbiamo chiederci se disponiamo di un linguaggio più adatto alla presente generazione che è quella del post-concilio e dell’era post-moderna. Va detto che fra le tante note caratteristiche di questo popolo dell’oggi, una non trova, a mio avviso sufficiente evidenza: siamo di fronte alla prima generazione alfabetizzata della storia.

Si trovano ancora nei nostri monasteri di clausura delle anziane religiose che leggono a fatica. Ma la generazione presente, fatto assolutamente nuovo, è certamente in grado di leggere e scrivere. E ha un nuovo modo di ascoltare, anche perché la nuova religione, che è la scienza, panacea di ogni problema umano, rende gli ascoltatori critici come mai verso l’argomento religioso.

E che linguaggio possiamo proporre? Vediamo: quali linguaggi ha la Chiesa? Meglio ancora: quali linguaggi sono messi a disposizione della Chiesa dalla Rivelazione? Voglio introdurre la tematica dei tre linguaggi della Rivelazione.

L’A.T. dispone, a grandi linee, delle celeberrime tre parti: Legge, profeti e scrittiNella Legge abbiamo il linguaggio apodittico o casistico ma comunque nomistico, definitivo, imperativo. La norma è uno slogan, una formulazione secca che o la si accetta o la si rifiuta, la sua forza è nell’autorità dell’emittente, Iddio stesso.

Nei profeti abbiamo l’esortazione, l’applicazione al quotidiano dello slogan della legge. I profeti ricordano i doveri dell’alleanza al popolo. Il linguaggio profetico è eminentemente morale, il carattere è quello dello sprone alla coerenza con la legge. La cogenza del linguaggio profetico è la condizione di popolo dell’alleanza. La congruenza etica è la potenza di questo linguaggio.

Negli Scritti compare un altro linguaggio, quello sapienziale, esplicativo, educativo. È il linguaggio paterno, educativo, che spesso basa sulla logica e sulla constatazione del reale la sua forza di convincimento. Senza sfociare nel filosofico, il linguaggio sapienziale non comunica regole, non impone doveri ma motiva, spiega, rende semplicemente accettabile il richiamo della legge, che risulta luminoso, opportuno, utile, produttore di felicità.

Il N.T. non presenta, sorprendentemente, un cambio di linguaggi ma una semplice traslazione di occasioni. Lo slogan della Legge diventa la formulazione del linguaggio kerigmatico, che è la ripetizione di formule che pian piano divengono stereotipate, e racchiudono come seme tutto lo sviluppo della fede. Sono enunciazioni che rinveniamo sparse fra i racconti della resurrezione, le lettere paoline, soprattutto gli Atti degli Apostoli. Brevi locuzioni, nette, pregnanti. Chiedono l’assenso, pongono davanti alla scelta di aprirsi o meno.

L’esortazione profetica, a sua volta, diviene il linguaggio parenetico tipico del richiamo paolino, ma anche di altri scritti. Questo è il linguaggio etico, della esortazione alla coerenza con la fede nell’agire, a vivere secondo l’uomo nuovo.

E quale è il linguaggio che sta fra le due fasi, quello che copre lo spazio fra l’apertura alla fede e la fede ricevuta in pieno, ormai da praticare? Quello che nell’A.T. è il linguaggio sapienziale, diviene nel N.T. il linguaggio didascalico. Il discorso fatto alla ragione perché assimili il kerigma, lo possieda, lo arrivi ad incarnare; le istruzioni per l’uso e l’appropriamento dell’evento salvifico. La parola che istruisce, ammaestra, spiega, rende masticabile e digeribile la salvezza cristiana.

Una nota storica: da Trento in poi, fino al Vaticano II, avevamo solo ed unicamente il linguaggio morale parenetico, che spesso diveniva moralista, ma che, in una società fondamentalmente già convinta di cristianesimo, esortava alla coerenza.

Grande riscoperta pratica del tempo del Concilio è la riproposizione, dopo secoli di assenza, del linguaggio kerigmatico, sotto l’influsso di due spinte: l’aver rimesso al centro della teologia il mistero pasquale e la prassi, non ininfluente, dei movimenti, tendenzialmente molto kerigmatici.

Il kerigma, in se per se, è formulazione univoca ed inequivocabile, ma il suo rischio è un uso che ne dimentichi la natura di “seme”, di punto di partenza. Non si mangia un seme, ma da un seme si deve partire per poter arrivare a mangiare un frutto. Il seme va coltivato, assecondato nei suoi tempi di maturazione, e per quanto sia vero che un seme contiene un albero, è altresì vero che un seme non è un albero. Perché dire ciò? Perché la fase kerigmatica deve essere preludio ad una fase didascalica, altrimenti parliamo di vera e propria sterilità, paradossalmente, per abbondanza di semente.

Siamo di fronte ad una sovrabbondanza di annunci kerigmatici a motivo di un tutt’altro che disprezzabile sforzo predicatorio messo in atto da movimenti, iniziative delle diocesi, missioni giovanili e simili, cui dovrebbero corrispondere altrettante iniziative didascalico-formative. Invece si salta spesso dal kerigma alla parenesi, al volontariato, al frutto senza fusto e corteccia, direttamente senza passare dal ‘via’…

Cosa è una mentalità didascalica? Cosa è un’intelligenza formativa? Quali sono le caratteristiche di un’efficace operazione di autentica iniziazione? Mi sembra che questo sia il vero dito nella piaga della pastorale. Siamo tutto sommato capaci di esporre come la Parrocchia debba essere, ma non sappiamo come si fa per portarla ad essere come la prospettiamo.


E continuiamo ad affastellare documenti sull’immagine della parrocchia, sul tipo di configurazione collaborativa fra pastori e corresponsabili della pastorale, in una sorta di neo-hegelismo ecclesiale: ci è chiaro come si dovrebbe essere, ma in genere non si sa come arrivarci.
E allora il linguaggio della stragrande maggioranza dei predicatori resta parenetico, esortativo, tutto sulla coerenza, tutto sul bene da fare. E gli ascoltatori chiudono l’audio.

***

Quali sono le caratteristiche di una comunicazione virtuosa, efficace? Cominciamo col controbilanciare i difetti già esposti: è anzitutto urgente non presupporre la fede in chi ascolta. Questo facilita il linguaggio didascalico, perché parlare pensando di aver davanti persone che non possiedono le categorie religiose ci aiuta a sdoganare naturalmente il linguaggio da una fase assiomatica ad una zona di traduzione, per così dire, dei concetti.

A tal proposito va ricordato che le forme del linguaggio umano sono fondamentalmente tre: i linguaggi di tipo univoco, equivoco ed analogico.

Univoco è il linguaggio, ad esempio, scientifico, che per una convenzione prestabilita usa i termini in modo coerente con detta convenzione, e qui ci imparentiamo con le espressioni nomistiche prima, e kerigmatiche poi, univoche, assiomatiche, apodittiche. Va detto a tal proposito che i nuovi linguaggi intra-ecclesiali, quelli che si vanno creando in certi contesti come inconsapevoli convenzioni linguistiche, diventano facilmente le gabbie in cui questi gruppi dal linguaggio stereotipato e riconoscibile si chiudono involontariamente, e spiegano l’attuale incontrovertibile crisi di nuove adesioni nei movimenti.

Il linguaggio interno, dopo aver avuto il felice impatto della novità, diviene invece carcere comunicativo, dove la Parola viene ingabbiata dalla parola, quest’ultima essendo stata un tempo felice analogia, ora fungendo da struttura di sicurezza del predicatore inesperto o poco riflessivo, nello stesso tempo fungendo da barriera impenetrabile. Sia detto che comunque questo è un difetto diffusissimo, laddove si stabiliscano convenzioni linguistiche da appartenenza, fatto, questo, quasi impossibile da evitare se l’appartenenza è percepita come vitale, salvifica. Il linguaggio però non può essere sovradimensionato a totem intoccabile, dove non si possa ri-formulare quanto esposto, perché si passa dal presupporre la fede a presupporre addirittura uno specifico linguaggio della fede. Siamo al paradosso.

In sostanza: il linguaggio univoco, convenzionato, che sia quello accademico, o teologico, o di appartenenza si dimostra facilmente come fallimentare.

Breve trattazione richiede il linguaggio equivoco, essendo questo artifizio di tipo artistico o comico. È infatti il linguaggio poetico, oppure ironico, quello che varca le regole della logica per darci il paradosso, l`“oltre” della lingua, oppure la comicità. Questo è un linguaggio ingiustamente disprezzato dagli anziani predicatori, e spesso usato male dai giovani. Gli anziani erano troppo inchiodati al “dignitoso” per passare per l’assurdo e il comico; i giovani spesso dimenticano che un paradosso o un elemento ironico devono, per definizione essere nuovi, freschi, altrimenti diventano essi stessi convenzione noiosa.

Ma il linguaggio principe di ogni comunicazione valida è, e non può che essere, il linguaggio analogico. Questo è il linguaggio più efficace per definizione. La forza di un annuncio è nelle analogie impiegate. Si capisce meglio un esempio indovinato che un intero discorso coerente e logico ma privo di analogie. Se la nostra emergenza è lo sdoganamento dei contenuti della fede dal linguaggio religioso alla accessibilità per un uditorio post-religioso quale il nostro, la condizione obbligata è il linguaggio analogico.

È la scelta degli esempi che convoglia l’attenzione all’uditorio. Se l’esempio tocca l’ordinario o il vissuto storico dell’ascoltatore, quest’ultimo balza dentro le mie parole, si sente capito e mi vuole capire, perché in un istante gli sono diventato intimo, coinvolgendolo con un esempio in cui lui si muove bene.

Tutto il mio intervento sarebbe a buon fine se solo questa idea passasse: quando si comunica, metà del valore della comunicazione sta negli esempi impiegati, che non vanno solo preparati. L’esempio più efficace è quello che la presenza, il magnetismo dell’uditorio stesso provoca in chi annunzia la Parola.

Come salvarsi dalle comunicazioni moraliste di vario stampo? Dobbiamo ricordare che il moralismo, questo senso latente di esigenza che preme sull’ascoltatore, deriva buona parte delle sue polveri da una sopravvalutazione della volontà. L’imperativo categorico kantiano perde ogni partita contro un altro elemento pure tanto fedele alla nostra tradizione cristiana: il desiderio. Quanto predico posso presentarlo come giusto o come bello. Il bello avrà la meglio in ogni caso. Allora il tema patristico del ‘fascinans’ torna quanto mai proficuo in un mondo narcisista ed estetizzante come il nostro. Mi preme quindi di trovare meno la doverosità di quanto predico e molto di più la bellezza di quanto propongo.

Proporre una scalata di una montagna per imparare l’abnegazione del sacrificio fisico ha pessimo gioco se confrontato col proporre la scalata della stessa montagna per il gusto dell’avventura, per la bellezza del paesaggio, per l’obbiettivo di arrivare alla meta e via dicendo. Quante volte l’annuncio si snoda verso un terreno molto più interessante quando semplicemente si introducono domande: ma perché fare questo? Cosa c`è di bello in questo? A cosa mi può servire? Questa, eminentemente, è tecnica sapienziale-didascalica.

Alla fin fine possiamo dividere i vari difetti della predicazione nei due poli della comunicazione, il predicatore e l’ascoltatore, e identificare teologismo astratto, fissità da slogan catechetico o da mancanza di creatività e tono monocorde come polarizzazioni eccessive sul predicatore il quale difetta nel varcare la soglia della propria autocomprensione, e disattende ogni realtà che non sia il contenuto che vuole comunicare. Questo contenuto è il suo assoluto, e, ahimé, in un modo o in un altro vive in uno sterile autismo comunicativo.
Dall’altra parte, moralismo di qualsivoglia guisa e sentimentalismo sono avventure predicatorie tutte disegnate sull’ascoltatore che è ora sottoposto ad esigenza schiacciante, ora strumentalizzato dalla melassa sentimentale.

Questi difetti comunicativi possono essere risolti da un linguaggio didascalico che si snodi per analogie, ma vorrei fornire due ulteriori elementi costruttivi per questo scopo.

È assolutamente urgente imparare ed insegnare, o perlomeno portare alla coscienza formativa, il fattore della musica delle parole usate.
Per insegnare ad alcuni collaboratori a cambiare musica alcune volte li ho traumatizzati costringendoli a riascoltare una registrazione di una propria predicazione. Io stesso, se mi riascolto, mi trovo inascoltabile, ed è una piccola sofferenza a cui ogni tanto mi sottopongo per avere ben presente i miei difetti comunicativi, le mie lentezze, le mie ingenuità, le mie esagerazioni, le mancanze di mordente, i toni mosci e quant’altro. In questo senso bisogna pervenire ad una sorta di comunicazione uditiva, ove il primo ricettore della predicazione è proprio il predicatore.

Questo essere seduti davanti a se stessi ad ascoltarsi, questo dire le cose come vorremmo sentircele dire ci può insegnare un ulteriore livello qualitativo, quello in cui la comunicazione non è del tutto pre-determinata ma definita, nella sua realizzazione concreta, dall’olfatto dell’assemblea, una sorta di fiuto che permette di capire chi si ha davanti e cosa possa recepire.

In tal senso, ben inteso, l’uditore non può determinare il contenuto, altrimenti l’oratore é un comunicatore subdolo, ipocrita o senza personalità, ma l’uditore deve determinare la forma della comunicazione, almeno in parte. Di certo la musica delle mie parole la devo saper mutare secondo il contesto.

E arriviamo all’ultimo elemento: noi comunichiamo sempre attraverso generi letterari. Voglio ricordare una legge della lettura dei testi che diventa proficua coordinata comunicativa al momento di emettere un testo, anche solo parlato: nei testi il contenuto si rinviene costantemente nella rottura del genere letterario. Mi spiego, e forse non è azione necessaria per chi ha avuto lo stomaco di ascoltarmi finora: ogni comunicazione ha il suo latente genere letterario di riferimento. Se io parlassi rispettando seccamente, pedissequamente, il genere letterario, la mia comunicazione risulterebbe la più noiosa possibile. Infatti i generi letterari sono schemi inconsapevoli che noi usiamo nella comunicazione come strutture prefabbricate atte a fornire uno schema, uno scheletro alle nostre articolazioni comunicative. Ma se vengono rispettati del tutto, essendo convenzioni comuni, sono assolutamente prevedibili.

Quando analizzo un racconto di miracolo, ad esempio, cerco la violazione dello schema, l’imprevedibile del testo, l’elemento fuori genere, perché è proprio li che risiede la comunicazione.

Allora è quanto mai efficace divenire gestori consapevoli di cotanta legge della trasmissione del senso: la rottura del genere letterario è necessaria alla comunicazione, la rottura dello schema permette l’ascolto. Si deve sempre dire, paradossalmente, il contrario di quanto si dice, ossia: devo usare uno schema che faccia da sfondo di contrasto a quanto voglio dire.

Non dimentichiamo che il Signore Gesù si è incarnato in una cultura semitica, e di questa cultura ha assunto una caratteristica, e l’ha sposata forse come nessuno: il linguaggio paradossale. Impossibile leggere i Vangeli se non si è disposti ad affrontare i paradossi. Quando si leggono i Vangeli, fra le molte cose a cui si può essere portati, di certo si è portati a pensare. Tocca restarci con la testa su. Gesù, per quello che ci resta della sua comunicazione, ci costringe ad ascoltarlo. Era un maestro. Un didàscalo. E parlava in parabole, ossia con analogie. E rompeva gli schemi comunicativi. Questo è saper parlare!

giovedì 9 gennaio 2020

KIKO COMPIE 81 ANNI!

OGGI, 9 GENNAIO 2020, KIKO ARGUELLO COMPIE 81 ANNI. TANTISSIMI AUGURI E.... AD MULTOS ANNOS!

Dalla Convivenza della Merkaba 2014 a Porto San Giorgio, per l'occasione, riprendo questo canto meraviglioso...